A
veces cuesta mucho amar y dejarse amar, querer y dejarse querer; a veces cuesta
mucho dejarse.
Cuando
hablo de dejarse me refiero a: dejarse llevar, dejarse ser, confiar en que las cosas
suceden y las oportunidades aparecen por algo. Hay quienes creen en el destino,
en que, como dice la frase, “todo pasa por algo”, otros que piensan que es
fruto del esfuerzo y que simplemente las merecía. Sea como sea, se tenga el
pensamiento que se tenga, las cosas PASAN y nosotros no podemos dejarlas ir.
Hay
que buscar, apuntar a lo que uno quiere llegar, y también estar abierto a
nuevas posibilidades, a nuevas propuestas que se presentan.
Muchas
veces no podemos confiar en lo que sentimos, en lo que pensamos, solo en lo que
creemos que es lo mejor, en lo que tiene “pinta” de ser correcto. Hay veces que
lo mejor para uno, no es lo correcto para todos, que aquello que aparece
repentinamente (y a veces no tanto) es lo mejor para ese momento, lo que
necesitamos y puede pasar que sea algo
que no buscamos.
Dejemos
de querer predecir todas nuestras acciones, de pensar tanto; es cierto, a veces
la ansiedad, el perfeccionismo y el auto control, nos ganan. Pero creo que
deberíamos empezar a sentir, a desear y a cumplir los deseos y no dejarlos solo
como expectativas que en algún momento “mejor” cumpliremos. Cuando las
oportunidades se acercan creo que tenemos que tomarlas, eso sí ver de qué forma
las incorporamos porque una vez que las encontramos tenemos que dejarlas SER,
pero aclaro las cosas no caen del cielo prácticamente nunca, las oportunidades,
las metas hay que buscarlas, no
esperarlas; pero cuando llegan de forma repentina (sea fruto del esfuerzo,
proveniente del destino, o como quieran llamarlo) es una señal, una
oportunidad.

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